No se si te echo de menos.

No se si querría estar a tu lado.

Ni siquiera se si te quiero.

Lo que si se es que tengo muchos recuerdos, bueno, quizás no tantos, pero algunos de ellos muy intensos, muy repetidos durante mi vida. Recuerdos que para bien o para mal están ahí, forman parte de mi y no puedo eliminarlos. Vienen  y van a su antojo.

Intentaste volver, intentaste acercarte y yo te rechacé, no te permití que volvieras a entrar en mi vida. No sabía como encajar mis recuerdos con quién eras en ese momento. No supe aceptar simplemente que eras lo que eras sin esperar nada más. Sin pretender que volviéramos atrás, sin dejar de reprocharte todo lo que había ocurrido y de lo que yo solo tenía recuerdos vagos.

Conservo, aunque parezca mentira, muchos consejos, frases, olores, conversaciones que tuvimos y que de alguna forma me han enriquecido en mi vida actual o que simplemente he podido comprobar con mi propia experiencia y confirmarlas o no.

He reinterpretado muchas de las escenas que vivimos, las he contextualizado, las he observado desde la distancia, las he intentado incluir en la época que nos tocó vivir juntos y algunas de ellas sigo sin compartirlas, aunque he sido capaz de construirme mis propios argumentos, las razones que te llevaron a ello. Me quedo con ellas, con mis propias escenas, con mi propia representación y mi propio desenlace, coincida o no con la realidad.

El tiempo  me pasa factura. Te veo conduciendo coches cuando estoy en un semáforo y miro a alguien que se parece a ti, te veo cruzando una calle, te veo de espaldas viendo un escaparate, te ve más que nunca y en realidad no estás. No eres tu, pero me empeño en verte, me empeño en querer que aparezcas en algún momento y dejar mi mente descansar por no haberte dado una segunda oportunidad.

No se si te echo de menos.

No se si quierría estar a tu lado.

Ni siquiera se si te quiero.

Podrías ser la persona de la foto, podrías no serlo. No lo se. Te seguiré viendo en los escaparates, paseando…

Me quedo solo con el recuerdo de mi infancia, solo con el recuerdo de cuando siendo niño sientes una gran admiración por tu padre, independientemente de como sea. Me quedo con esos momentos fantásticos que tuvimos juntos, esa carrera en la que tus zancadas eran muy cortas para que yo pudiera ganar sin que se notara, esos días en que me llevabas a tu trabajo y estaba todo el día contigo, me quedo con tu olor fuerte a tabaco. Me quedo con los momentos en los que, viéndome, te veo. Lo demás es historia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s