Llegaba a la hora de siempre a la oficina.
Aunque era un día festivo, había tardado en llegar  lo mismo que todos los días. De forma mecánica, mientras repasaba los últimos e-mais recibidos en su iPhone, pulso el botón de su planta.
Habitualmente a esa hora solía entrar más gente en el ascensor y no era habitual subir solo, pero ese día era festivo, nadie más entró en el ascensor.
Las puertas se cerraron y el ascensor comenzó su rutinario camino de subida a la planta que le habían programado.
En las cabeceras de los e-mails que estaba leyendo pudo ver uno que destacaba sobre el resto. Tenía las letras en rojo, no tenía remitente y el asunto decía: “No debías haberlo hecho….”
Inmediatamente pensó en el Spam, esa lacra que padecemos todos habitualmente en nuestras bandejas de entrada y que nos ocupa bastante tiempo en discernir lo que es real y deseado de lo que no queremos leer y que no hemos solicitado a nadie. Automáticamente, en un acto mecánico, deslizó su dedo de izquierda a derecha sobre la pantalla de su iPhone para eliminar el mensaje sin tan siquiera leerlo. Tras esa acción, en lugar de eliminar el mensaje, este se hizo más grande. Aumentó el tamaño de sus letras y apareció solo en la pantalla, sin nada más alrededor. Se podía leer claramente: “No debías haberlo hecho….”
De reojo, vio que el ascensor no había parado en su planta. Estaba seguro de haber pulsado el botón de su planta.
Movió la cabeza para comprobar los pulsadores del ascensor como queriendo asegurarse de que estaba iluminado el de su planta. En vez de este, el 2º, comprobó que el que estaba iluminado era el pulsador de la planta 12, una planta a la que solo se tiene acceso mediante un código de seguridad.
Se había fijado muchas veces en como introducían el código las personas que iban a esa planta y sabía perfectamente que sin código era imposible pulsar en esa planta.Incluso alguna vez, como un chiquillo travieso, él mismo había intentado pulsar esa planta y el código pero siempre sin acertar. Había podido copiar el codigo de las personas a las que veía, pero siempre era un código distinto. Lo memorizaba y cuando él lo introducía, el teclado emitía un pitido doble indicando la entrada de un código erróneo.
Al mirar los pulsadores, también pudo ver en el espejo el reflejo de una persona. Se sobresaltó. Dio un paso atrás y se volvió de forma rápida. Se quedó mirando fijamente al hombre que estaba detrás de él.
Estaba asustado y confundido. Estaba completamente seguro que no había subido nadie con él en el ascensor.
El hombre que estaba en el ascensor era moreno, de mediana estatura, con un pelo bastante espeso y fuerte. Llevaba un traje gris marengo con rayas. Tenía la cabeza agachada por lo que no podía verle la cara. Iba leyendo en su Blackberry. En el espejo que estaba detrás del hombre se veía reflejada la pantalla de la BlackBerry y se podía leer claramente lo que ponía. Era una frase que ocupaba la pantalla completamente, con las letras rojas: “No debías haberlo hecho…..”
Comenzó a sudar, sus latidos del corazón se habían acelerado y tenía una sensación mezcla de miedo y confusión. Pensaba en que eso no podía estar pasando, que parecía una película de terror.
El hombre del ascensor comenzó a levantar la vista, muy, muy despacio, como si fuera a cámara lenta. En ese momento sonó el timbre del ascensor que indicaba que habían llegado a la planta 12. Las puertas comenzaron a abrirse y antes de que el hombre hubiera levantado la cabeza y de que hubiera podido verle la cara, giró su cabeza para ver como las puertas se abrían, como buscando la salida.
Quería huir del ascensor, estaba realmente atemorizado. Era algo irracional, pero estaba muy asustado.
Reviso las puertas desde abajo mientras se abrían y se acercó a ellas para salir. Impacientemente, tocó las puertas con la mano, con los nudillos, varias veces.
Tras él. escucho la voz del hombre que le decía algo que no podía entender. No se atrevió a girarse, no podía hacerlo, estaba realmente asustado.
Entre las dos puertas pudo ver una imagen inusual. Algo que no era normal ver al abrirse un ascensor. Algo que no tenía sentido. Estaba viendo el exterior del edificio, estaba viendo el cielo, los edificios de enfrente, las nubes. No estaba en ninguna planta, no había suelo, estaba literalmente en las nubes. Por debajo de ellos tenía una caída de más de 40 metros.
Lanzó un grito sordo. Como si no pudiera gritar. Apenas salió el sonido de su garganta.
Se giró de forma rápida buscando con la mirada al hombre que estaba en el ascensor y sintió una presión sobre su pecho a la vez que su cuerpo comenzaba a caer al vacío. Ahora si puso gritar. Gritó muy fuerte mientras contemplaba las manos que le habían empujado, las manos del señor del traje gris, las manos de su ejecutor. También podía ver su cara. Le había visto muchas otras veces en el ascensor. Siempre subía más arriba que él pero nunca pulsaba ninguna planta, era como si siempre le llamasen sin que hubiera nunca pulsado un botón.
Se dió cuenta de que siempre que le había visto, ibaan los dos solos en el ascensor. Nunca le había visto con nadie más.
En su cara pudo leer perfectamente lo que decían sus labios:
“No debías haberlo hecho…..No debías haber pulsado el código de la planta 12….”
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