Emociones

Ahí están, vienen cuando quieren, no las puedes controlar. No las llamas ni te acuerdas de ellas, no las manejas. Viven dentro de ti, calladas durante tiempo. Pareciera que lo hacen a propósito para que te olvides de ellas.

Aparecen cuando menos las esperas y entonces te das cuenta realmente de lo que puedes sentir, lo que puede despertar en ti una situación. Cuando llegan se produce en ti un momento dulce, amargo, mágico…depende. Pero nunca te dejan indiferente.

Pueden pasar años, décadas y de de forma repentina aparecen,siempre puntuales ante un estimulo. emociones

Um! Que bueno sería poder dominarlas, poder sentir las que quieres cuando quieres. Poder quedarte las que quieres en una cajita y ponerla en tu mesilla para poder abrirla antes de dormir o al despertarte. Yo las tendría clasificadas en tres cajones:

  • El cajón azul, donde metería todas las que me son imprescindibles, las que no quiero olvidar a diario, las que quiero mantener a costa de lo que sea. Haga frio, calor, truene o nieve, quiero saber que están ahí. No quiero olvidarlas por nada del mundo y si no soy capaz de meterlas en ese cajón se que las perderé y estaré de nuevo a su merced, a que ellas decidan aparecer de nuevo y cruzando los dedos para que no sea tarde, para que por culpa de no volver a mi durante ese tiempo no haya yo perdido algo valioso, un amor, una amistad….
  • El cajón negro. Ahí pondría las ligadas a buenos recuerdos que no quiero perder pero que no son imprescindibles. Un momento con amigos, los buenos recuerdos de alguien que ya no está a mi lado. Pequeños detalles que pueden alegrarme el dia.
  • El cajón rojo. Para no abrirlo nunca…o si, pero decidiendo tu cuando lo haces

¿que emoción quiero hoy? ¿que cajón abro?

Hay gente que no necesita cajones. Los admiro. No necesitan clasificaciones. Pero yo si. Necesito cajones bien clasificados y aún así, a veces, se me olvida abrir el cajón azul durante algún tiempo…hasta que vuelve de nuevo a mi esa emoción.

¿y tu? ¿tienes cajones?

Sensaciones y Olores

Hay dos cosas que hacen que mis emociones se intensifiquen: La música y los olores.

Nunca he sabido que va primero, si mis emociones y la elección de la música o la elección de la música y mis emociones. Quizás ni siquiera sea siempre de una forma u otra, quizás a veces se mezclen, quizás una parte acompañe a la otra…

Lo que está claro es que hay temas que son capaces de transportarte lejos, temas que hacen que  viajes hacia algún rincón de tu mente a “rebuscar” entre tus recuerdos , sensaciones, vivencias, planes de futuro…Hacen que te rías, que llores, que eches de menos a personas o que desees hacer algo concreto. 

Otras veces, simplemente escuchando ciertos temas, te encuentras bien, te encuentras con ganas, te motivas….es fantástico.

El olfato,en lo que a recuerdos se refiere, simplemente es mágico, es inmediato. Un aroma es capaz de ponernos de inmediato en el escenario de un recuerdo. De forma inmediata te puede devolver a tu infancia, a un lugar y un momento determinado, feliz o no, pero muy lejano. Siempre me ha maravillado.

No hay nada mejor que dejarte llevar sobre un recuerdo que proviene del olfato. Simplemente inspirar e inmediatamente estar literalmente en el escenario de tu recuerdo. Es fantástico. Además sucede en cualquier parte. Vas detrás de una persona por la calle y el simple hecho de oler el gel de ducha que ha utilizado o el champú con el que ha lavado su pelo esa mañana es suficiente para que pase. Una colonia, el olor cambiante en primavera, el olor a lluvia antes de que empiece a llover,  el pan recién hecho, el olor que sale del horno cuando estás haciendo un pastel, el olor a leña…….ummmm, que intenso, que vivencias. Incluso el olor del estiercol es fabuloso unido a un recuerdo (no el olor en sí 😉 )

Y a ti, que sensaciones y/o que sentidos te gustan?

Como en Matrix

Siempre me ha fascinado la escena de Matrix, al final de la primera película,  en la que el protagonista descubre que es capaz de hacer cosas increíbles, se da cuenta de que puede ir más allá de los límites de lo que él consideraba normal. En cuestión de un minuto es capaz de convertirse en un superheroe. Simplemente, lo que ocurre es que empieza a comprender. A partir de ese momento, lo que parecía difícil, o mejor dicho imposible, pasa  a ser sencillo.

 

 

A nosotros nos pasa lo mismo. De repente, en un momento, somos capaces de darnos cuenta de algo que había estado siempre ahí, siempre a nuestro lado. Algo que nosotros nos eramos capaces de ver de la misma forma, algo que representaba misterio,  que nos infundía respeto, algo que nos daba miedo o simplemente que pasaba desapercibido para nosotros…..y ese buen día ocurre. Comenzamos a verlo de otra forma, comenzamos a entenderlo y ante nosotros se abre un mundo completamente distinto, lleno de posibilidades.

Y te preguntas ¿Como he podido no haberlo visto antes?

Y es que como decía Einstein, lo que no experimentas es solo información.

Perder a alguien en vida

No se si te echo de menos.

No se si querría estar a tu lado.

Ni siquiera se si te quiero.

Lo que si se es que tengo muchos recuerdos, bueno, quizás no tantos, pero algunos de ellos muy intensos, muy repetidos durante mi vida. Recuerdos que para bien o para mal están ahí, forman parte de mi y no puedo eliminarlos. Vienen  y van a su antojo.

Intentaste volver, intentaste acercarte y yo te rechacé, no te permití que volvieras a entrar en mi vida. No sabía como encajar mis recuerdos con quién eras en ese momento. No supe aceptar simplemente que eras lo que eras sin esperar nada más. Sin pretender que volviéramos atrás, sin dejar de reprocharte todo lo que había ocurrido y de lo que yo solo tenía recuerdos vagos.

Conservo, aunque parezca mentira, muchos consejos, frases, olores, conversaciones que tuvimos y que de alguna forma me han enriquecido en mi vida actual o que simplemente he podido comprobar con mi propia experiencia y confirmarlas o no.

He reinterpretado muchas de las escenas que vivimos, las he contextualizado, las he observado desde la distancia, las he intentado incluir en la época que nos tocó vivir juntos y algunas de ellas sigo sin compartirlas, aunque he sido capaz de construirme mis propios argumentos, las razones que te llevaron a ello. Me quedo con ellas, con mis propias escenas, con mi propia representación y mi propio desenlace, coincida o no con la realidad.

El tiempo  me pasa factura. Te veo conduciendo coches cuando estoy en un semáforo y miro a alguien que se parece a ti, te veo cruzando una calle, te veo de espaldas viendo un escaparate, te ve más que nunca y en realidad no estás. No eres tu, pero me empeño en verte, me empeño en querer que aparezcas en algún momento y dejar mi mente descansar por no haberte dado una segunda oportunidad.

No se si te echo de menos.

No se si quierría estar a tu lado.

Ni siquiera se si te quiero.

Podrías ser la persona de la foto, podrías no serlo. No lo se. Te seguiré viendo en los escaparates, paseando…

Me quedo solo con el recuerdo de mi infancia, solo con el recuerdo de cuando siendo niño sientes una gran admiración por tu padre, independientemente de como sea. Me quedo con esos momentos fantásticos que tuvimos juntos, esa carrera en la que tus zancadas eran muy cortas para que yo pudiera ganar sin que se notara, esos días en que me llevabas a tu trabajo y estaba todo el día contigo, me quedo con tu olor fuerte a tabaco. Me quedo con los momentos en los que, viéndome, te veo. Lo demás es historia.

Acéptalo, es tu trabajo….

Todos conocemos que para avanzar, para progresar, hay que salir de la zona de confort. En muchos blogs de expertos en coaching o en otras materias podrás leer sobre ello, sobre su definición y las formas para salir de ella.

Una cita curiosa que te hace querer salir de esta zona de confort, que pertenece a Robert Allen y que pude leer en un Twit de @falcaide (Francisco Alcaide) es la siguiente :

“Todo lo que quieres en la vida está fuera de tu zona de confort

Otros ejemplos sobre el tema los podemos encontrar en blogs imprescindibles en nuestra blogoteca como el de Mertxe Pasamontes o como los consejos que nos da Gonzalo Alvarez (@Artepresentar), para aplicar el concepto de salir de esta zona al realizar presentaciones y por supuesto en Wikipedia.

Hasta aquí muy bien…Pero hay mucha gente que no quiere progresar, que está perfectamente asentada en su  poltrona, en su sillón y que únicamente quiere vivir cómodamente. Esta opción es totalmente respetable. Me parece perfecto que se opte por ella, ahora bien, el hecho de no querer avanzar o progresar no es sinónimo de entorpecer, de poner trabas y de no dejar hacer su trabajo al resto del equipo.

En muchas ocasiones, cuando estamos “apoltronados” nos ocurre algo curioso: cualquier encargo nos molesta. Incluso cuando es nuestro trabajo. Para estas situaciones lo mejor es tener a mano una pequeña guía de comportamiento, una chuleta de “Gestión de Marrones”  tan simple como la siguiente:

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Buen fin de semana ;-))

Tus aCtitudes

Todos los días, todos, nos encontramos ante situaciones que se nos repiten una y otra vez y sobre las que reaccionamos casi siempre de la misma forma.

Casi siempre son automáticas, no les prestamos la mayor atención y simplemente las realizamos.

A veces, aunque nos demos cuenta e incluso no nos guste , reaccionamos de la misma forma pero no intentamos cambiarlo.

Según  Floyd Allport, (puedes verlo en Wikipedia):

 “Una actitud es una disposición mental y neurológica, que se organiza a partir de la experiencia que ejerce una influencia directriz o dinámica sobre las reacciones del individuo respecto de todos los objetos y a todas las situaciones que les corresponden”.

Hace ya tiempo, AUDI emitió una campaña televisiva en la que difundía su programa  Attitudes.  Uno de los spots, dirigido por Julio Medem, dejaba patente la reflexión hacia esas “actitudes” que debemos tomar frente a lo cotidiano, pero sobre todo a aquello que afecta a los demás.

Puedes ver el vídeo de la campaña en Youtube: Attitudes o pulsando en la imagen. Simplemente fabuloso. Es de esos vídeos que debes ver cada día por la mañana antes de salir de casa. Cuando los espejos de nuestros baños incorporen reproducción de vídeo, me lo pondré mientras me cepillo los dientes, es un buen momento.

Si quieres puedes, así que si quieres, párate a pensar esas pequeñas cosas que haces a diario y que pueden mejorar la calidad de vida de los que tienes a tu alrededor, que pueden ayudarles a tener un buen día. Como si fuera para ti…Y como en el spot, si tienes que dar la vuelta, hazlo.

La forma más fácil de identificar lo que haces mal es darte cuenta de lo que hacen mal los demás, de lo que te molesta que hagan. Una vez que detectas una actitud negativa, intenta darte cuenta de si tu lo haces también. Si tu jefe te da una coz, siéntela, asúmela, pero no des tu la coz al de al lado o a quién tengas en tu equipo. Si alguien no te saluda al entrar a algún sitio, no lo tomes como norma, cambia esa forma de actuar y saluda tu. No es tan difícil.

 

El Aprendiz de Panadero

Había una vez un panadero que tenía un negocio pequeño, una panadería. Contrató un aprendiz de panadero para ayudarle con su trabajo. Lógicamente, al ser aprendiz, el sueldo era básico y solo cubría las necesidades básicas del aprendiz, quién estaba muy contento por la posibilidad de aprender un oficio que le pudiera ayudar con su futuro.

El tiempo pasó y el aprendiz cada vez fue aprendiendo más y más sobre el negocio y sobre la forma de hacer el pan. Trabajaba mucho para aprender y se implicó completamente en la vida de la panadería, casi como si fuera suya. Llegó un día en el que el aprendiz dejó de ser aprendiz y comenzó a ser un panadero igual que su maestro, pero el maestro no lo percibía de la misma forma. Para él, el aprendiz era el mismo chiquillo rubio, delgado y desgarbado que había contratado hacía ya 10 años. En este tiempo, el sueldo no había crecido mucho y la forma de tratarle era siempre la misma, siempre tratando de enseñale, siempre recriminando su trabajo buscando como hacerle ver una forma de mejorar. 

El aprendiz se esforzaba en conseguir el reconocimiento de su maestro intentando que se diera cuenta de su evolución, de que ya no era el aprendiz, de las capacidades que había desarrollado. Él siempre había visto a su maestro como su familia. El aprendiz tenia un don natural para innovar, para ver las cosas de otra forma. Tenía muy buenas ideas que escribía en sus ratos libres y que aplicaba en cuanto podía. Le gustaba su trabajo, disfrutaba con lo que hacía y se preocupaba por aprender más allá de lo que su maestro le enseñaba.

Lo que no se había dado cuenta el panadero es que el aprendiz sabía hacer muy bien su trabajo, mejor que él mismo. Había llegado a perfeccionar la técnica que le habían enseñado, había sido capaz de mejorar cada una de las etapas de la producción consiguiendo producir el pan de mejor calidad con menos costes para el panadero, quién vendía más pan con un coste menor. Había introducido nuevas formas, nuevos tipos de cocción y resultados finales que habían conseguido aumentar la clientela, pero para el maestro, el aprendiz seguía siendo el mismo niño.

Por cada nueva cosa que introducían en la panadería, tras contarle el aprendiz como hacerlo, el maestro renegaba de la idea, la menospreciaba e incluso la tachaba de chaladura, pero al cabo de un tiempo era el maestro quién la ponía en marcha.

El aprendiz había aprendido a trabajar de esa forma, había aprendido a conocerle y a saber que sus ideas eran buenas y que finalmente se ponían en marcha.

Tras un tiempo, el maestro, viendo los resultados de la panadería decidió que había llegado el momento de dar un paso atrás y descansar un poco por lo que necesitaba dejar al frente de su panadería a alguien con la actitud y conocimientos adecuados para que no mermaran sus dividendos. Encontró a un destacado gestor de panaderías  que comenzó a contarle la forma de hacer las cosas. Durante un tiempo le acompañó a todos los sitios, a comprar la harina, a cenar, conoció a su mujer, a su familia y durante esas andaduras le contó como debía hacer el trabajo de la panadería: le contó las mismas cosas que el aprendiz le había contado en numerosas ocasiones. Le dotó de un sueldo digno de la valía del candidato y le presentó a su aprendiz, quién debía ayudarle en el trabajo a partir de ese momento.

El gestor de la panadería no había estado antes con el aprendiz, no sabía lo que había conseguido, no sabía como había influido en la historia de la panadería….lo que si sabía era que no podía mantenerlo y que necesitaba más mano de obra para hacer el pan por lo que debía despedirlo y contratar a dos aprendices en su lugar.

Pasado un tiempo, la panadería cerró.

El gestor fue contratado por una gran cadena de fabricación de pan congelado como Director General.

Del aprendiz nunca supimos nada más. Nunca destaco, nunca se vendió.

Moraleja: Tanto si eres panadero como si eres aprendiz, seguro que puedes corregir parte de lo que haces y mejorarlo entendiendo cual es tu sitio actual, lo que debes vender y lo que debes o no comprar. Si eres el gestor…..

 

La evolución (deslocalización) de los Bares…

…o Bares 2.0.

Puede que durante algún tiempo hayas frecuentado algún  “bar de barrio”. Algún local al que hayas ido con asiduidad durante alguna etapa de tu vida o simplemente el sitio al que vas a comer tus menús diarios, donde tomas el café con los compañeros de la oficina, donde acabas los viernes al finalizar la jornada para despedir la semana…..En cualquier caso, te puede servir para situarte en el siguiente escenario:

Entras por la puerta y ves gente conocida, que te suena de verlos habitualmente y también te encuentras con  gente que no conoces de nada. Al fondo del local ves a los que conoces bien, a los que más ten interesas y con quienes conversas a menudo.

Foto Tomada del Otro Lado de La Barra (elkankuko.blogspot.com)

Para poder llegar hasta tu grupo pasas entre la gente, saludas a alguno de ellos, a otros no, solo les pides paso. Alguno te saluda más efusivamente, incluso te dice, ” – hombre precisamente ayer te vi en…”, otros son más tímidos, te conocen, te han visto mil veces, pero no se atreven a saludarte

Saludas al señor de la barra, que te pone siempre esas cervezas que tanto te gustan y a su mujer, que las acompaña con esos suculentos aperitivos. Con ellos hablas de las cosas de siempre, de como está el negocio, la gente, del tiempo que hace, del que hará, de fútbol, de política..

Cuando llegas a tu circulo, te pones contento, haces bromas con unos y con otros (a cada quién lo suyo) y también te las hacen a ti. Algunos son amigos tuyos desde hace mucho tiempo y otros no tanto. Con cada uno de ellos hablas de temas más o menos profundos, más o menos personales y con “los de siempre” cuentas batallitas de distintas andanzas y correrías.

Algunos de los amigos más recientes, hace tiempo los veías en otra zona de la barra, en otros grupos y ahora están contigo (o tu con ellos, como quieras verlo) Pasa el tiempo y descubres gente afín dentro del mismo local.

Por la puerta entra de repente una persona que es un “icono” en ese bar, alguien al que todos conocen por algo, porque conoce muy bien el mundo de los toros, porque hace buenos chistes, porque siempre acaba mal…..La gente se vuelve, le saluda, hay comentarios….

A veces, el señor de la barra o su mujer os presenta a alguien nuevo, a alguien que se introduce en vuestra conversación, de forma sana…o insana, caso este último en el que se acaba expulsando del grupo a quién no se lo merece.

Y alguna vez, hasta tus colegas de profesión, de trabajo, han visitado este bar del que tanto tu hablas con ellos. Ese día, en tu circulo de conversación se habal de temas más técnicos, poco habituales, pero ambos círculos se conocen y entre algunos de sus componentes surge una buena amistad o simplemente un interés que perdura en el tiempo.

La verdad es que es un bar en el que se hacen buenas relaciones, buen networking!

Las redes sociales, sobre todo Facebook y Twitter entre las que uso, suponen una evolución en la forma en la que tradicionalmente nos hemos comunicado en los bares….pero sin café y sin cerveza!!

La planta 12

Llegaba a la hora de siempre a la oficina.
Aunque era un día festivo, había tardado en llegar  lo mismo que todos los días. De forma mecánica, mientras repasaba los últimos e-mais recibidos en su iPhone, pulso el botón de su planta.
Habitualmente a esa hora solía entrar más gente en el ascensor y no era habitual subir solo, pero ese día era festivo, nadie más entró en el ascensor.
Las puertas se cerraron y el ascensor comenzó su rutinario camino de subida a la planta que le habían programado.
En las cabeceras de los e-mails que estaba leyendo pudo ver uno que destacaba sobre el resto. Tenía las letras en rojo, no tenía remitente y el asunto decía: “No debías haberlo hecho….”
Inmediatamente pensó en el Spam, esa lacra que padecemos todos habitualmente en nuestras bandejas de entrada y que nos ocupa bastante tiempo en discernir lo que es real y deseado de lo que no queremos leer y que no hemos solicitado a nadie. Automáticamente, en un acto mecánico, deslizó su dedo de izquierda a derecha sobre la pantalla de su iPhone para eliminar el mensaje sin tan siquiera leerlo. Tras esa acción, en lugar de eliminar el mensaje, este se hizo más grande. Aumentó el tamaño de sus letras y apareció solo en la pantalla, sin nada más alrededor. Se podía leer claramente: “No debías haberlo hecho….”
De reojo, vio que el ascensor no había parado en su planta. Estaba seguro de haber pulsado el botón de su planta.
Movió la cabeza para comprobar los pulsadores del ascensor como queriendo asegurarse de que estaba iluminado el de su planta. En vez de este, el 2º, comprobó que el que estaba iluminado era el pulsador de la planta 12, una planta a la que solo se tiene acceso mediante un código de seguridad.
Se había fijado muchas veces en como introducían el código las personas que iban a esa planta y sabía perfectamente que sin código era imposible pulsar en esa planta.Incluso alguna vez, como un chiquillo travieso, él mismo había intentado pulsar esa planta y el código pero siempre sin acertar. Había podido copiar el codigo de las personas a las que veía, pero siempre era un código distinto. Lo memorizaba y cuando él lo introducía, el teclado emitía un pitido doble indicando la entrada de un código erróneo.
Al mirar los pulsadores, también pudo ver en el espejo el reflejo de una persona. Se sobresaltó. Dio un paso atrás y se volvió de forma rápida. Se quedó mirando fijamente al hombre que estaba detrás de él.
Estaba asustado y confundido. Estaba completamente seguro que no había subido nadie con él en el ascensor.
El hombre que estaba en el ascensor era moreno, de mediana estatura, con un pelo bastante espeso y fuerte. Llevaba un traje gris marengo con rayas. Tenía la cabeza agachada por lo que no podía verle la cara. Iba leyendo en su Blackberry. En el espejo que estaba detrás del hombre se veía reflejada la pantalla de la BlackBerry y se podía leer claramente lo que ponía. Era una frase que ocupaba la pantalla completamente, con las letras rojas: “No debías haberlo hecho…..”
Comenzó a sudar, sus latidos del corazón se habían acelerado y tenía una sensación mezcla de miedo y confusión. Pensaba en que eso no podía estar pasando, que parecía una película de terror.
El hombre del ascensor comenzó a levantar la vista, muy, muy despacio, como si fuera a cámara lenta. En ese momento sonó el timbre del ascensor que indicaba que habían llegado a la planta 12. Las puertas comenzaron a abrirse y antes de que el hombre hubiera levantado la cabeza y de que hubiera podido verle la cara, giró su cabeza para ver como las puertas se abrían, como buscando la salida.
Quería huir del ascensor, estaba realmente atemorizado. Era algo irracional, pero estaba muy asustado.
Reviso las puertas desde abajo mientras se abrían y se acercó a ellas para salir. Impacientemente, tocó las puertas con la mano, con los nudillos, varias veces.
Tras él. escucho la voz del hombre que le decía algo que no podía entender. No se atrevió a girarse, no podía hacerlo, estaba realmente asustado.
Entre las dos puertas pudo ver una imagen inusual. Algo que no era normal ver al abrirse un ascensor. Algo que no tenía sentido. Estaba viendo el exterior del edificio, estaba viendo el cielo, los edificios de enfrente, las nubes. No estaba en ninguna planta, no había suelo, estaba literalmente en las nubes. Por debajo de ellos tenía una caída de más de 40 metros.
Lanzó un grito sordo. Como si no pudiera gritar. Apenas salió el sonido de su garganta.
Se giró de forma rápida buscando con la mirada al hombre que estaba en el ascensor y sintió una presión sobre su pecho a la vez que su cuerpo comenzaba a caer al vacío. Ahora si puso gritar. Gritó muy fuerte mientras contemplaba las manos que le habían empujado, las manos del señor del traje gris, las manos de su ejecutor. También podía ver su cara. Le había visto muchas otras veces en el ascensor. Siempre subía más arriba que él pero nunca pulsaba ninguna planta, era como si siempre le llamasen sin que hubiera nunca pulsado un botón.
Se dió cuenta de que siempre que le había visto, ibaan los dos solos en el ascensor. Nunca le había visto con nadie más.
En su cara pudo leer perfectamente lo que decían sus labios:
“No debías haberlo hecho…..No debías haber pulsado el código de la planta 12….”

El Árbol

No podía apartar la vista de él. No podía dejar de mirarlo. Llevaba horas mirándole, días. No podía apartar la vista de ese árbol, que había sido plantado el mismo día en el que que había nacido su hijo, su único hijo.

Ahora veía como se estaba marchitando, como había perdido casi todas las hojas y estaba a punto de morir.

Lo había plantado por una tradición absurda, que había leido en algún sitio del que ya ni siquiera se acordaba. Consistía en plantar un árbol cada vez que nacía un hijo tuyo en la familia. Según esa tradición, el árbol y el niño crecerían juntos en armonía y estarían vinculados el uno con el otro.

Desde entonces habían pasado momentos mágicos juntos. De igual forma que daba de comer a su hijo, reagaba ese árbol que era como otro hijo suyo. Habían hecho grandes cosas a su alrededor y habían hecho del lugar en el que estaba plantado el árbol un sitio en el que reunirse en los momentos importantes en la vida del niño, habían creado un fabuloso ritual en torno al árbol.

El niño, al ir creciendo había aprendido a convivir con su hermano de la naturaleza al que incluso había confesado sus secretos más particulares.

Momentos como sus primeros amores, habían sido grabados en el árbol, con cariño, tallando su madera con absoluta delicadeza con el afán, no de dejar plasmado su amor en un árbol cualquiera, sino de transmitirle sus secretos, de contarle sus maravillosas aventuras de juventud.

También momentos amargos, momentos de los que nadie quiere acordarse nunca y que con el paso del tiempo, igual que el crecimiento del árbol consigue ocultar, abandonan nuestra mente y solo salen en contadas ocasiones o incluso nunca.

Después de todas esas vivencias juntos, el niño dejó de ser niño, dejo su su casa, su familia, su árbol y sus recuerdos para comenzar una nueva vida lejos de allí.

Ahora, después de mucho tiempo, su madre sabe que algo pasa, algo terrible, algo que no es capaz de asimilar. El árbol lleva semanas marchitandose, con las hojas amarillas, que poco a poco le van abandonando para caer en la tierra que le rodea. Ella no puede dejar de mirarle, de llorar, de tocarle, de abrazarle como si fuera su propio hijo, del que no ha recibido noticias desde que se marchó. Ahora, solo espera una llamada que le comunique la triste noticia.

Mientras tanto, toca los grabados del tronco de su hijo de madera. Desliza sus manos por cada uno de los recuerdos que su hijo de verdad fué dejando en él, recordando cada uno de ellos como si fuera ahora mismos cuando estan ocurriendo. Mientras le acaricia puede sentir las manos de su hijo abrazandole, acariciandole, transmitiendo todo el amor que un hijo puede trasladar a su madre en la distancia, algo que sin ese árbol, sin ese vinculo tan profundo, jamás hubiera podido tener durante tanto tiempo.

 

imagen obtenida de http://www.flickr.com/photos/fittingroom/